| Querida Susi |
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| Escrito por Francisco |
| Lunes, 07 de Marzo de 2011 00:29 |
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Telde a 14 de abril de 2002 Querida Susi, Por fin he tenido un hueco para sentarme y ponerme a escribirte esta experiencia que te prometí te iba a enviar aunque, al empezar, he pensado que quizás sería bueno que te contara algo más sobre mí y sobre ese “Dios vivo” del que tanto Francisco como yo anunciamos en catequesis pues puede que así puedas entender mejor qué es lo que nos ha llevado a trabajar por su Reino. Si miro para atrás te puedo decir que cuando tenía sobre los dieciséis o diecisiete años comencé a buscar un sentido a mi vida. Entre los deseos e ilusiones estaba el irme de misionera y perderme por esos mundos, no se si era una forma de querer evadirme de los complejos que tenía y el poco valor que me daba, ya que siempre he sido muy pesimista conmigo. Un profesor , en el instituto, fue quien empezó a encenderme la chispa de buscar ese sentido de la vida a través de Dios, además tengo que decir que por aquellos tiempos yo me consideraba una persona “atea”. Pero aquel hombre hablaba de un Dios tan cercano y diferente al que me habían enseñado que todo lo que decía me calaba. Luego, y a raíz de las clases de religión me metí en un grupo de confirmación donde,” por casualidad “la catequista anunciaba lo mismo que el profesor de religión. Cuando me confirmé me quedó las ganas de seguir buscando a ese “Dios vivo” y me entero que de los grupos de chicos y chicas que se confirmaron quedó un subgrupo que como yo, también tenían el mismo deseo. En este grupo que, pertenecía a una comunidad cristiana, la catequista que lo llevaba contaba experiencias de personas, de distintas edades, cuyas vidas habían cambiado y habían cobrado sentido. Decía que eran gente que aunque seguían teniendo problemas y situaciones duras, ahora las vivía de otra manera, en paz porque saben que Dios está ahí y nos conoce. Todo ésto, poco a poco, me lo fui creyendo más. Ante todo tengo que decir que al principio es un poco duro aceptar las cosas sin verlas, pero en eso consiste la fe, aunque parezca una utopía. Si leemos el evangelio vemos que Jesús llamó “dichosos” a los que “creen sin ver”. Mi primera experiencia de sentir que Dios también se había fijado en mí fue en una convivencia, en Santa Brígida. En el momento de la celebración de la Palabra yo había recogido del campo unas flores para mi novio (hoy mi marido) y alguien las había colocado sobre la mesa del sacerdote. “Por casualidad”, una de las lecturas que se leía en aquella celebración hablaba de una rama de almendro, y el sacerdote acogió aquel ramillete, que se parecía a la flor del almendro, como un símbolo de la palabra que se estaba predicando. Por aquel entonces, yo andaba muy despistada con ésto de las lectura pero sí te puedo decir que con lo de la flor sentí que aquello podía ser una llamada que Dios me podía estar haciendo. Al año siguiente, en otra convivencia, yo le contaba esta experiencia a una chica que llegó nueva al grupo y ella con ésto en el corazón abrió la Biblia y justo , “por casualidad”, le había salido el texto que le había nombrado unos minutos antes (Jeremías 1, 1-19). Ella corrió a mi habitación y quiso leerlo. Lo sorprendente de todo esto fue que todas las cosas que narraba aquel texto yo sentía que me describían y , por supuesto, iban en ese momento dirigidas a mí. El texto habla de un joven tímido que el Señor conoce desde siempre y que le anima a seguirle. No te puedes imaginar la alegría tan profunda que sentí, tal fue, que fui capaz de dirigirme a toda la comunidad y decirle lo que me había sucedido en voz alta. Pues me creí mucho y sigo creyendo ésto que dice el texto más adelante:”No digas soy un muchacho, pues adonde quieras que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. No tengas miedo porque yo estoy contigo para salvarte”..... Desde entonces, esas palabras han estado siempre conmigo y eso sí, con muchos tropiezos y fallos he intentado escuchar al Señor cada día y anunciarle. En aquellos momentos lo hacía en la Universidad que era donde más me movía y a veces, hasta en el Salcai. Hoy me ha tocado anunciártelo a ti. También decirte que comencé a llevar pequeños grupos de catequesis y a estar donde me necesitaran pero sobre todo, te puedo decir que aprendí a valorarme más y a quererme. Pasé de ser una persona tan pesimista a tener ilusión por las cosas y en especial, por la vida. A todo ésto, añadir que siempre he intentado que todos los proyectos e ilusiones que he realizado he querido que sea el Señor quien los guíe. Cuando Francisco y yo teníamos el deseo de casarnos recuerdo que orando juntos nos salió el Salmo 127 que dice:”Que el Señor nos construya la casa”.. No es que se refiera a la casa como edificio, sino que todo el salmo lo acogimos como que Dios también apostaba por nuestro matrimonio y lo acogía, y con este texto celebramos nuestro matrimonio con toda la comunidad. Luego llegaron los hijos y te puedo decir que todo el embarazo, así como los partos los he vivido con la mayor tranquilidad del mundo porque sabía que Dios estaba ahí, cuidándome. Además, en el embarazo de mi segundo hijo, cuando ya estaba pasada de tiempo e incluso tenía pequeñas contracciones, pude vivir una gran experiencia de resurrección de una hermana en la fe, junto con el resto de los miembros de la comunidad, experiencia que tendría que escribirte en otro momento pues es toda ella una auténtica catequesis. Fue una experiencia que hoy seguimos celebrando y que nunca me cansaré de darle gracias a Dios por hacérmela vivir pues justo después, y mandado por el médico, ingresé en el hospital con la idea de que se me provocara el parto, pero no fue necesario ya que fui con la bolsa rota y algo dilatada. Es decir, que era el momento del nacimiento del niño y no había que precipitarse. Hoy tengo 34 años y tengo que decir que durante todo estos años he pasado también momentos duros, de dudas, de tristeza pero en todos , te aseguro, que he sentido que Dios ha estado ahí. Uno de esos momentos es el que he compartido en el grupo sobre mi tía. Gloria , que así se llama ella. Desde muy jovencita fue una persona enferma, pero no físicamente sino psicológicamente. Nunca supimos darle nombre a su enfermedad, constantemente estaba depresiva y con pocas ganas de vivir. Lo que sí sabemos, es que ya a una determinada edad los médicos le diagnosticaron una esquizofrenia lo cual, le hacía sobre todo en los momentos de crisis, quitarse la vida. Lo intentó varias veces, y por ello estuvo mucho tiempo , bastante grave en el hospital. Pero el pasado año, justo el 15 de abril, día en que celebrábamos el día de Gloria de resurrección, mi tía muere a causa de una sobredosis de medicamentos a la cual su cuerpo, debido a que ya estaba bastante deteriorado interiormente, no pudo resistir. Ella vivía sola y por lo tanto nosotros desconocíamos lo que había sucedido. Al tercer día , otra tía me llamaba para preguntarme si sabía algo de ella, pues había estado llamándola varias veces y le extrañaba que no cogiera el teléfono. Entonces fue el momento en el que fui a su casa y me encontré con aquel panorama. Te puedo asegurar que mi primera sensación fue la de llorar y sentirme culpable por lo que le había pasado pero en ese momento y gracias a todo lo que he vivido, como te he contado, le pedí a Dios que me ayudara a tomar fuerza y a sentir realmente que ya lo que estaba viendo era solo su cuerpo pero su espíritu seguía “Vivo”, por fin estaba en paz con ella misma. Mientras se hacían todos los trámites que se hacen en esta situación, yo me acordaba del evangelio de Juan que narra la resurrección de Lázaro. Experiencia en la que Lázaro ya llevaba días muerto pero para Jesús aquello no era motivo para no sentirle vivo, al contrario hizo que muchos le vieran. Eso me hizo pedirle a mi tía que necesitaba un detalle de su resurrección para de verdad sentir que estaba viva. Nosotros llamamos casualidad a muchas de las cosas que nos pasa y nos sorprende y que muchas veces son cosas donde el señor nos puede estar hablando. Por eso, para mí fue un detalle de resurrección el mensaje que me habían dejado en mi teléfono. Hacía mucho tiempo que yo le había prestado un libro muy importante para mí porque me lo habían regalado en mi boda, se titulaba: La puerta de la esperanza. Es la experiencia de un hombre que tiene cáncer y cuenta todo lo que va viviendo con la esperanza de que después de la muerte hay algo más. Bueno, para no enrollarme, este libro se lo presté a mi tía y le pedí , por favor, que no me lo perdiera. Nunca más supe de él, pero tampoco recuerdo si llegué a pedírselo, solo se que lo encargué en una librería y justo el día que yo me había encontrado con mi tía, me llamaban desde la librería, después de tanto tiempo de encargárselo, para decirme que el libro le había llegado. Para mí, como te puedes imaginar, fue un regalo que me estaba haciendo Gloria. Sentí que ese libro , que había perdido y que era tan importante para mí, me lo estaba regalando. En estos momentos, me pregunto que podrá pasar por tu cabeza cuando hayas leído todo ésto. Solo quiero decirte que lo que estoy viviendo del Señor es lo que me lleva a anunciarles a otros, de ahí que esté en catequesis de padres, adultos e incluso con los niños. Porque tanto para mí como para Francisco, que por cierto , también tendría que escribirte sus experiencias aunque muchas están muy ligadas a las mías, es lo más importante que hemos descubierto en nuestras vida y queremos que otros también lo vivan. Aunque tu experiencia para nosotros está siendo también un regalo de Dios que estamos viviendo, ya que vivir la enfermedad y tu problema de audición como lo estás viviendo es para Gloria de Dios. y por eso también queremos darte las gracias por compartirla.
Nota: No se si te habrás dado cuenta que mañana es aniversario de mi tía (hace justo un año), ésto para mí también está siendo un regalo ya que como te dije al principio, es hoy el huequito que he tenido para escribirte y qué mejor que en víspera de su aniversario. Siento que ella también lo está haciendo.
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