Efesios

YO pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que sois llamados;  Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia soportando los unos á los otros en amor;  Solícitos á guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.  Un cuerpo, y un Espíritu; como sois también llamados á una misma esperanza de vuestra vocación:  Un Señor, una fe, un bautismo,  Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por todas las cosas, y en todos vosotros.  Efesios 4,1-6

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La mujer en el concepto de Dios PDF Imprimir E-mail
Escrito por Beradi   
Miércoles, 14 de Diciembre de 2011 21:55

La desaparición de la dimensión femenina del Concepto de Divinidad. (una somera aproximación).

La evolución de la religión en la historia humana está enmarcada dentro de la evolución de la cultura.  De una sociedad de cazadores recolectores se pasó a una sociedad agrícola. De igual manera evolucionó la visión de lo femenino.

Según los datos aportados por las distintas ciencias, en la sociedad de cazadores recolectores lo femenino era la portadora de la vida. Lo masculino era visto como salvaguarda de esa función tan importante. Por eso se puede decir que la primera sociedad humana era matriarcal y la imagen de la divinidad fuera femenina: la Gran Madre portadora de la vida. La diosa Madre.

Con el paulatino sedentarismo se va generando una evolución cultural. La extensión de la agricultura va generando la necesidad de “dominar la tierra”. Aquí aparece la figura masculina en la divinidad, junto a la percepción de que el sexo tenía mucho que ver en la procreación de los hijos. Se proyecta en la unión sexual una imagen del nacimiento de la Vida Cósmica, de las cosechas, de los ciclos vitales de la naturaleza. Se va identificando cielo y tierra con lo masculino y lo femenino (según las culturas se asocia a una imagen o a otra, aunque en la nuestra nos queda la imagen de que Dios (patriarcal) está en los cielos y hablamos de la madre tierra).

Con la aparición de la cultura patriarcal lo femenino fue menguando cada vez más. El varón va cambiando de rol. Se hace agricultor, cosa que antes lo hacían las mujeres, y se va identificando el poner la semilla, cultivarla, cuidarla, con la procreación y generación de los vástagos. La aparición de la agricultura en el Neolítico dio lugar a pueblos con tierras que defender; a una organización de la sociedad, a una paulatina burocracia… los varones se hicieron poco a poco con el control, ya que las mujeres fueron relegadas a las tareas domésticas. Esto pudo suceder por el aumento de la población, ya que en una sociedad itinerante, la mujer no podía tener muchos hijos seguidos porque no los podían cargar ni alimentar adecuadamente. Ahora la situación cambia y ya pueden tener más hijos, que debe cuidar, dedicarse a las tareas de la casa y ayudar al varón en la agricultura.

De esta manera el varón pasa a ser figura central en la naciente vida política de estas sociedades. La mujer con el paso del tiempo queda relegada a ser una propiedad más del hombre. Se dictan normas como el castigo del adulterio y del incesto, para que se pueda controlar y cuidar la propia descendencia, y de esta manera, el hombre pasa a ser la figura principal en la generación de los hijos. Evidentemente, lo que aquí se ha dicho en muy breves líneas, es todo un proceso de miles de años, más complicado y con muchos elementos más que no podemos mencionar por falta de espacio.

De todo este proceso va naciendo la figura, ya definida, de Dios como varón. El Dios principal de las Cosmogonías es Varón, y desde esta cosmovisión se van sancionando todas  las leyes religiosas. Podemos ver esta evolución en una religión como la Yahvista. Frente al politeísmo, donde lo femenino todavía juega un papel importante, el dios judío es una figura eminentemente patriarcal. En la Torah encontramos una legislación donde el varón es la figura principal y la mujer queda relegada a un muy segundo plano. En el politeísmo los dioses principales son también varones, pero lo femenino todavía perdura, a veces con un papel destacado, como los cultos a Isis, Astarté, Hera… 

En el cristianismo católico y ortodoxo pervive en el culto a la Virgen María. Es muy curioso los atributos que se le ha dado a esta mujer. Por una parte Virgen y por otra Madre. Se delata en esta figura de María las dos grandes visiones del hombre hacia la mujer: La exaltación de la maternidad y la exaltación de la virginidad. La maternidad está limpia de toda connotación sexual. Es madre de un Dios-Hombre, pero al contrario de las tríadas egipcias la Madre es virgen antes, durante y después del parto. Fue madre y ningún otro hombre la tocó ni la tocará jamás. Es la idealización más freudiana de la Madre. Tenemos en la figura de María,  a una Madre totalmente pura que hará de madre abnegada y solícita siempre. Y siempre al servicio del Dios Padre y del Dios Hijo. Y es más curioso el hecho que este proceso no tenga mucha base neotestamentaria, especialmente en los Evangelios, donde podemos encontrar muchísimas referencias a una ruptura con este orden de cosas establecidas. Aunque es cierto que en Pablo nos encontramos una lectura más patriarcal. Pero lo que realmente resulta curioso es que la evolución de la Mariología sea un producto cocinado en la cultura helenística y después totalmente elaborada en la época medieval y neoescolástica, con las connotaciones totalmente restrictivas para lo femenino que todos conocemos.

Esta sumisión de lo femenino a lo masculino la podemos encontrar en muchísimas culturas. Rara es la sociedad en que a distintas escalas, no se reproduce todo esto. Por ello apelamos a un redescubrimiento de lo Femenino en la dimensión religiosa. No debe escandalizarnos el poder hablar de Dios como la Diosa, no sólo reconocer en bajita voz que Dios podría ser también madre. En la Divinidad nos encontramos las dos dimensiones, lo femenino y lo masculino. Por eso dice la Biblia judeocristiana que al principio la divinidad creo al “hombre”: varón y mujer lo creó. Nótese que la palabra hombre tiene la dimensión varón y mujer. Para que el hombre esté completo necesita la armonía del varón y la mujer. Esto nos situa queen el plano que cuando se reivindican los justos derechos de la mujer en la sociedad y en la religión, especialmente en las iglesias cristianas, estamos reivindicando los derechos del hmbre total. Hasta que no tengamos los mismos derechos  y deberes el varón seguirá estando huérfano de su otra mitad. Y la mujer estará sufriendo la opresión de quien debía ser su igual.

Trabajemos, también desde la dimensión religiosa por conseguir esto.

 

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