| El crecimiento de la Iglesia |
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| Escrito por Beradi |
| Jueves, 11 de Febrero de 2010 11:25 |
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EL CRECIMIENTO DE Desde hace ya mucho tiempo venimos hablando y reflexionando de la importancia de recuperar el dinamismo misionero en la Iglesia. Parece como si el crecimiento de nuestras comunidades se haya visto relegado a una importancia de primer orden, pero después, analizando la situación a conciencia, vemos que esto es más teórico que práctico. Son pocas las iniciativas que realmente se toman en las parroquias para asegurar su crecimiento, ya que la pastoral sacramental que se realiza obliga a usar muchos recursos humanos para asegurarla. Lo más que se hace es dar una impronta misionera a la pastoral sacramental, pero que a nadie deja del todo satisfecho. Para entender exactamente de qué vamos a hablar, anuncio desde el principio la tesis que va a ser el eje fundamental de esta reflexión: Crecimiento personal y crecimiento comunitario va íntimamente unidos el uno al otro. Y lo que da unidad a las dos cosas es la Espiritualidad.
Para entender exactamente de qué vamos a hablar, anuncio desde el principio lo que va a ser el eje fundamental de esta reflexión: Crecimiento personal y crecimiento comunitario va íntimamente unidos el uno al otro. Y lo que da unidad a las dos cosas es 1.- Cuando hablamos de crecimiento de la comunidad hablamos de un asunto complejo, pues aunque en principio todos tenemos muy buenas intenciones, aunque todos queremos andar “según el espíritu” como dice Pablo, también es que arrastramos y nos movemos dentro de la carne, es decir, todos tenemos una serie de condicionamientos de índole cultural, social y psicológico. Es la carga de la humanidad que todos llevamos para nuestro bien y también para nuestro mal. 2.- El Evangelio es buena noticia, pero también es un programa de vida y de acción. Lo primero que aparece en este programa es que Jesús promete a sus discípulos felicidad, dicha, o dicho de otro modo, bienaventuranzas. El Sermón de Monte empieza con una proclamación de El programa cristiano comporta un cambio de valores. Con la venida de Jesús las situaciones se invierten, las prioridades son otras. Lo vemos en el Sermón del Monte Mt5-6. Se trata de aprender a ver y hacer las cosas a la manera de Dios. Y esto es necesario hacerlo no sólo individualmente sino en comunidad. Esta es la voluntad de Dios. Es más, la comunidad es la escuela del discipulado (Fil 2, 1-11). Es por ello que muy ligado al crecimiento personal está el programa de vida de una comunidad que ofrece y enseña con su manera de vivir. 3.- Es por ello que la actitud que prefigura y determina lo qué es Se trata de rechazar la actitud de dominación e imposición por la actitud del servicio hecho desde la humildad, e inclusive, desde la inutilidad. San Francisco lo expresaba con el término “minoridad”, ser siervo inútil. Jesús no tolera que nadie se imponga a nadie en la comunidad y así se entiende la pregunta clásica del judaísmo del tiempo: ¿quién es el más grande en el Reino de Dios? (Mt18,1). La equiparación que Jesús hace con los niños al responder equivale a decir que los primero son los que “sólo sirven para servir”. Desde esta perspectiva sólo cabe la más absoluta igualdad en A menudo Pero esto no lo podemos tomar como una diferenciación de nivel con respecto a la entrega total a Dios.En el ideario neotestamentario todo cristiano está totalmente consagrado a Dios en el bautismo desde la vocación a la que ha sido llamado. El presbítero ha sido llamado al ministerio del pastoreo en nombre de Jesucristo, predicando Esto en teología se llama el sacerdocio común de los fieles, y según el Nuevo Testamento, no hay separación. Todos ejercemos nuestro sacerdocio con una total entrega a Dios. A Él no se le puede entregar la vida a tiempo parcial. Con Dios solo vale Jornada Completa. 4.- En consecuencia, otra de las características para el crecimiento tiene que ver con el tipo de relaciones personales que se establecen en la comunidad cristiana y con sus estructuras. Si éstas están marcadas por la dominación, el ordeno y mando, por la imposición, por los protagonismos personales… debemos estar atentos a una continua revisión y conversión. Solo estamos para servir. Somos todos iguales, tenemos todos la misma dignidad, la misma entrega exclusiva a Dios y la misma responsabilidad. Una cosa es la diversa función que desarrollamos en la comunidad, una función que está basada en la vocación a la que cada uno ha sido llamado. Obispos, presbíteros, laicos… todos tenemos nuestra función en 5.-Para entender todo esto, reflexionemos un momento acerca del concepto de Nuestro servicio o ministerio en 6.- Desde todo esto podemos abordar cinco aspectos para nuestro crecimiento personal y comunitario: A) B) Las Estructuras. Las estructuras complicadas paralizan las comunidades. Y todo lo que no fomente la edificación la está destruyendo. No por hacer muchas actividades o tener muchos grupos se edifica la comunidad. Las estructuras deben ser funcionales, en base a las necesidades que el Espíritu Santo nos vaya señalando. En esto de las estructuras debe funcionar el concepto de igualdad ontológica: C) Las Relaciones Interpersonales. Solo las comunidades amables y acogedoras crecen y hacen crecer. La capacidad de amar de una Iglesia está ligada a su crecimiento. Cuando se habla de amar en una Iglesia estamos hablando de con qué frecuencia comemos o tomamos café juntos; en qué medida conocemos las vida y las necesidades personales de las otras personas; si nos visitamos cuando estamos enfermos; cuántas veces rezamos juntos o cuánto rezamos los unos por los otros; cómo somos capaces de resolver los conflictos que el diablo hace surgir entre nosotros. Hay que tener presente que el diablo está siempre al acecho de intentar destrozar la obra de Dios(1Pe 5,9a). Siempre intentará sembrar la cizaña, la envidia, el orgullo, la ira entre nosotros. Atención a no ser nunca portadores de cizaña, de la simiente del demonio .La comunidad es una familia que crece y nos hacer crecer. D) E) La comunidad cuando celebra se une al Cristo Celestial en el culto al Padre en el Espíritu Santo. Toda la comunidad es importante. El ministro celebrante y el resto de la comunidad. Es falso plantear quién es más importante. Es un todo el que, con Jesucristo, damos culto al Padre. Es por ello que el culto tiene que conectar con la vida de las personas, por lo que lo importante no es que el culto sea más litúrgico o más libre, más ceremonioso o más popular, sino que conecte con la vida de las personas que allí se congregan. Que el culto, además de ser celebrado, sea vivido. De esta manera, cuando una celebración es vivida se convierte en un verdadero desencadenante del crecimiento tanto personal como comunitario.
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